10 feb 2009

ANOREXIA Y BULIMIA, TRASTORNOS DEL DESEO

El hambre es una necesidad y no depende únicamente de cuestiones biológicas, como ocurre en el animal, sino que puede responder también a la expresión de un deseo. Comer es un acto no sólo destinado a proporcionar al organismo los nutrientes necesarios, es además una actividad que produce placer; el conocido como placer oral o de la boca, que aparece también en otros gestos como fumar, besar, hablar.
La necesidad en el humano está tocada por la palabra, y no es algo instintivo sino que está sujeta a la lógica del deseo inconsciente, es decir, cuando un joven no come o vomita de forma compulsiva, pensar que este acto obedece sólo a la búsqueda de una delgadez extrema es impedir que esta situación se modifique porque los trastornos con la comida son en realidad una expresión de trastornos afectivos.
La relación con la madre es en los primeros años de dependencia absoluta, y el amor es todavía algo narcisista, apoyado en la satisfacción de necesidades como la de calmar el hambre o la sed.
Todos los niños atraviesan por una etapa en su desarrollo psicosexual, donde la boca se alza como zona erógena por excelencia, como muestra su gusto por chupar cualquier objeto que encuentran a su paso. En esta fase el amor es algo cabalístico, el pequeño engulle o chupa todo aquello que despierta su interés, y un amor así puede predominar también en la etapa adulta. Esta distribución de la libido o energía sexual, produce relaciones de ternura apasionada y destrucción extrema. La boca besa pero también muerde y destroza.
La relación con la madre tiene siempre cierta cuota de agresividad, porque no es sólo quien prodiga cuidados y resuelve necesidades sino también quien en ocasiones frustra los deseos del niño. Educar implica poner límites y esto es algo que el narcisismo nos hace sentir como desagradable, aunque en realidad únicamente cuando uno acepta alguna negativa conoce también el sí, por ejemplo el niño no puede casarse con la madre y a cambio de esta renuncia, sí puede hacerlo con cualquier otra mujer.
En los años de la adolescencia este complejo vuelve a tener la fuerza que experimentó en la más tierna infancia. La atracción del niño por la madre y de la niña por el padre son vividos de nuevo con gran intensidad por el adolescente que al mismo tiempo se ve obligado por la cultura a renunciar a este primer amor. Puede que los padres, el niño o ambos encuentren excesivas dificultades en este proceso de separación. No suele resultar sencillo para los progenitores este cambio de perder al niño que su hijo era para ellos, por un hombre adulto no necesitado de sus atenciones.
La sexualidad humana está reglada, es decir, existe la prohibición del incesto y cuando algo está vedado es porque hay una tendencia a realizarlo. Es porque el hombre mata, que es necesario instaurar una ley que lo prohíba.
Esta separación necesaria, que a veces los padres dificultan con un exceso de mimo, conlleva como todo cambio cierto dolor. Crecer trae siempre consigo la pena de una pérdida, el adolescente deja de ser niño para transformarse poco a poco en un hombre joven. Sin embargo, el ser humano nunca abandona gustoso algo que le produjo placer, es por eso que la posibilidad de una vida adulta alejada de la enfermedad, se cierne no en el ideal de una completa renuncia a su antigua manera de encontrar placer, sino en la suma de otras nuevas. Al placer de chupar, que persiste a lo largo de toda la vida ha de sumarse el placer de leer, el placer de bailar, el placer de pintar. Tratar la anorexia desde la comida y reprender al adolescente cuando no come no produce resultados porque lo que en realidad está en juego es una dificultad para construirse como sujeto deseante.
Cuando uno no puede desprenderse de esa madre de la infancia, que todo lo satisface, permanece en el campo de la demanda amorosa, es decir, no puede dar el paso de ser amado a amar. Una de las mayores conquistas que el humano debe realizar en su desarrollo es transformarse en deseante. Pintar para ser amado o estudiar para ser amado es diferente a pintar por pintar o aprender idiomas por aprender idiomas.
Analizar cómo se desea permite poner en palabras lo que sólo se pudo decir con un síntoma.

Escrito por: ÁNGELA GALLEGO psicoanalista

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